sábado, 23 de enero de 2010

Si, damos hipotecas

Un conocido banco de este país ha iniciado el año con una sugerente campaña cuyo eslogan me sirve de encabezamiento en este comentario. Y tiene gracia que hagan hoy de su mayor defecto una virtud, cuando todo el mundo sabe lo que realmente les interesa a los bancos en estos momentos y no es precisamente prestar dinero. Porque prestar dinero a quien lo necesita, debería ser precisamente su objeto de negocio, pero no lo es, al menos no hoy. Hoy sólo prestan a quien lo haría por ejemplo yo mismo, es decir, al que le sobra solvencia y patrimonio, donde el riesgo es casi inexistente. Y ya me dirán qué mérito tiene eso, qué excelencia supone en su negocio y en su ejercicio profesional.

Los bancos no están para lo fácil, para eso nos bastaría una banca pública, los bancos están para asumir riesgos y obtener beneficios, con la supervisión del Estado, dinamizando y siendo el motor de la economía, con unos criterios de riesgo medidos pero reales, que ayuden a paliar la crisis y no a aumentarla, sobre todo cuando fueron ellos quienes la crearon con su desmesura anterior. A fin de cuentas el ser humano especula casi siempre con dinero ajeno, no con el suyo propio, cada uno de nosotros arriesgamos sobre todo lo que nos prestan y no lo que tenemos y, por tanto, quien nos lo presta debería asumir también su cuota de responsabilidad cuando las cosas se tuercen. Vivimos en una sociedad capitalista y de consumo, pero el dinero no lo ponemos nosotros, lo ponen los bancos, lo mueven los bancos y ahora no quieren moverlo. Nos lo han quitado, de la noche a la mañana, y sin dar explicaciones, lo que antes valía ahora no vale, el que antes tenía ahora no tiene y el que podía, según ellos, ahora no puede.

Y a todo esto, quien debe presionarlos a que lo muevan -el Estado- ni puede ni se atreve a hacerlo y se pierde en medidas ineficaces y desenfocadas. El que debe sancionar a quien la lió no lo hace y por ahí seguiran en sus poltronas, con sus indecentes salarios, hasta que se jubilen o vuelvan a liarla de nuevo, mientras el ciudadano engorda las filas del paro.

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